En 1968, los principales bancos mexicanos se asociaron para crear una infraestructura de procesamiento de pagos que ninguno de ellos podía desarrollar de manera individual.
Así nació PROSA, la procesadora que hoy gestiona más de la mitad de las transacciones con tarjeta de crédito y débito de México.
PROSA tenía acceso a toda la infraestructura de procesamiento del país y con el tiempo decidió expandirse y operar aguas abajo. El resultado fue "Carnet", la única marca de tarjeta de origen mexicano que pudo competir directamente con los agentes tradicionales como Visa y Mastercard.
Esa nueva estructura llamó la atención de la entonces Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE)
En un dictamen preliminar de 2020, la unidad investigadora de esa comisión advirtió que el hecho de que los bancos tradicionales fueran los dueños de PROSA generaba barreras a la competencia y sugirió la desincorporación de parte relevante de esa participación. Los bancos acogieron esa señal y salieron a vender la operación.
Tras años de búsqueda, en diciembre de 2023, Visa anunció su intención de adquirir el 51% del capital de PROSA.
La transacción se notificó a la autoridad de competencia. Para entonces, la reforma institucional en México había sustituido a la COFECE por la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA), cuyos comisionados debían resolver el caso.
La nueva autoridad negó la operación el pasado 20 de febrero porque concluyó que la transacción le permitiría a Visa, absorber a uno de sus competidores directos, lo que pondría en riesgo la continuidad de Carnet como alternativa de bajo costo y concentraría en una sola entidad información transaccional sensible de millones de usuarios.
Algunos comentaristas como Fernanda Celis, en El CEO, expresaron que la objeción de la autoridad llamaba la atención porque la operación de venta había sido sugerida precisamente por la propia COFECE ante la falta de condiciones de competencia efectiva en el sistema de pagos con tarjeta.
Sin embargo, habría que considerar que la sugerencia de desinversión por parte de COFECE no podía convertirse en una patente de corso anticipada para que la empresa pudiera venderse a cualquier comprador. Menos aún si el mercado quedaba en una situación más concentrada, más difícil de corregir o más deteriorada para la competencia que la existente antes de la transacción.
La desinversión solo era viable si se corregían con ella los riesgos que se pretendían corregir. Por eso, la cuestión a formular no era solo si los bancos debían desinvertir su participación en PROSA, sino cuales eran las calidades que debía reunir el futuro comprador, bajo qué condiciones debía realizarse la operación y con qué garantías para preservar la competencia efectiva, la neutralidad de la infraestructura y la continuidad de Carnet como alternativa competitiva, entre otras.
En mercados de pagos, donde convergen poder de red, información sensible y barreras de entrada, cambiar de dueño puede ser insuficiente si el resultado final es una estructura más cerrada, más concentrada o menos disputable.
Lo que sí cabe preguntarse es si la CNA comparó cuál escenario era más gravoso para la competencia: mantener el statu quo de PROSA bajo una estructura accionaria previamente cuestionada, o aprobar la integración con Visa bajo condiciones o remedios. Se ha debido analizar si la alternativa bloqueada era peor que la situación que quedaba vigente. Esa duda permanecerá mientras una parte sustancial de la decisión continúe bajo reserva.
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